13 de mayo, la meta ansiada. Tanto en San Martiño como Olás celebramos Misa de fiesta, aunque en la segunda parroquia más significativa.
La predicación resaltó la alegría del día celebrado, de la cercanía de María como nuestra Madre y la de toda la Iglesia y de la llamada de atención a no dejar esta devoción olvidada hasta el año.
Partimos de la escena donde una mujer del gentío alaba a la Madre de Jesús pero Él responde que es dichoso quien escucha la Palabra de Dios y la cumple. Desde ahí contemplamos a María como oyente de la Palabra, de cómo los tesoros de la Sagrada Escritura están abiertos a todos y cómo nosotros tenemos hoy muchísimos medios para acceder a ellos.
El recuerdo de los pastorcitos nos lleva a no desanimarnos sino a darnos cuenta que el Señor vuelve una y otra vez a dirigirse a los pequeños y sencillos.
Tras la eucaristía, aunque con el miedo a la lluvia a flor de piel, salimos en procesión hasta la mitad del pueblo de Olás. Mientras, redoble de campanas, fuegos de artificio y la gente acompañando a la imagen de Fátima con su silencio, cantos y oración.
Al llegar al atrio parroquial nos detuvimos y una feligresa recitó "un verso" ante la imagen de la Virgen, seguido del lanzamiento de pétalos de rosa, tres vivas a la Madre Santísima y el canto animado del Ave, Realmente, fue un momento emotivo que arrancó más de una lágrima. Y no fue para menos.
Rematada la dimensión religiosa, religiosamente nos dirigimos a la carpa donde compartimos un tentempié entre los presentes.
Luego, alguno se fue para Ourense pero eso es ya otra historia.









